Experiencia con un niño sordociego
La sordoceguera es una de las discapacidades más desconocidas que existen, y si además hablamos de sordoceguera congénita, más. Son muy pocos los casos, pero desde luego que existen, y tenemos que atenderlos.
La sordoceguera es una discapacidad única, con características muy peculiares donde la homogeneidad es una de las más llamativas. Hay personas que nacen ciegas y luego pierden audición (y por tanto se comunicarán con lengua oral), hay personas que nacen sordas y después pierden la visión (entonces su comunicación será a través de la lengua de signos o sus derivados) y hay personas que nacen con sordoceguera. La comunicación y su forma de relacionarse con el mundo es lo que los hace especiales, y diferentes entre sí. Si quieres más información, puedes encontrarla aquí.
Esta entrada la voy a dedicar a explicaros mi experiencia con un niño sordociego en una escuela infantil.
Mi objetivo en el aula era integrarle, darle comunicación expresiva a través del bimodal (es un sistema alternativo de comunicación que une los signos de la lengua de signos con la estructura de la lengua oral) y desarrollar el conocimiento del entorno a través del tacto. La verdad que los objetivos abrumaban un poco, pero el niño era un amor y todo se hacía mucho mas fácil por eso.
Se creó un equipo multidisciplinar, que venía desde atención temprana, donde todos los profesionales que estaban con él se reunían periódicamente para trabajar de forma colaborativa, y ayudarnos unos a otros. Saber la forma en que teníamos que saludar, la forma en que tenía que sentarse, cómo era la mejor forma de acercarle los objetos para presentárselos, etc.
La intervención por mi parte, como educadora y mediadora fue la siguiente, vamos por partes:
- Comunicación. Dotarle de comunicación era importante ya que tenía bastante resto auditivo, pero por diversas cuestiones no tenía la capacidad física de poder comunicarse a través de la lengua oral. La opción que elegimos fue el bimodal ya que se basa en la estructura de la lengua oral utilizando los signos de la lengua de signos. La forma de hacerlo fue introduciendo el bimodal en todas las comunicaciones con él. Como no podía ver los signos, la opción es la lengua de signos apoyada, donde la persona sordociega apoya las manos en las del signante y así recibe a través del tacto los signos. Todo lo que se hablaba en el aula, las actividades, las canciones, etc., se hacen en bimodal apoyado también en la lengua oral que él conocía ya. Como no se sujetaba bien, me sentaba detrás de él para poder que se apoyase en mí, y cogerle las manos por detrás y que conociese los signos realizados en su propio cuerpo. La comunicación estaba basada como en cualquier aprendizaje en esta etapa a través de canciones, juegos y cuentos. Todos adaptados a sus necesidades. Las canciones con lengua de signos, los cuentos con texturas que pudiese tocar, y los juegos con una explicación del contexto. Las actividades también las intentábamos adaptar a sus necesidades. Lo más importante era darle tiempo. Entendía muy bien todo, pero el objetivo era que él expresase sus deseos o necesidades. Para eso había que dejarle su tiempo y espacio. No responder por él.
- Integración en el aula. Para integrarle en el aula, la opción era saludar a todos los que venían, intentar que los compañeros y compañeras también le saludasen, explicándoles cómo tenían que hacerlo. La verdad, y seguro que os lo imagináis, los peques lo entendieron sin problema, y todos lo saludaban tocándolo y hablándolo. Hacíamos todas las actividades del aula, con adaptaciones, pero intentábamos que estuviese integrado. Enseñamos a sus compañeros cómo podían comunicarse con él y todos lo aceptaron.
- Conocimiento del entorno a través del tacto. Para esto, es importante que tengan recorridos habituales, para centrar sus rutinas, y que conozcan el espacio donde están. Tan pequeños, y con tan poca movilidad, lo que hacíamos era reconocer el espacio cercano, y explorar los recorridos que mantendríamos durante las actividades, es decir, de la zona de juego a la zona del cuento, la zona del patio. Tocar todo el recorrido para conocer los espacios. Teniendo en cuenta que sean siempre los mismos recorridos.
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